Microbiografía de María Isabel Joui Petersen

    Mi amiga Marisa nació el 26 de junio del ‘55, tenía tres hermanos. Vivíamos en Ñuñoa y nos hicimos amigas siendo pequeñas. Tenía un gato regalón, muñecas en su dormitorio y disfrutaba de las plantas del jardín, era una niña reflexiva. Tengo recuerdos felices de cuando coincidíamos en paseos y jugábamos en las dunas, o cuando nos tirábamos en bolsas de plástico en la nieve.

    Éramos inseparables, nos íbamos y devolvíamos juntas del Liceo 3 de Niñas. Participamos en la Juventud Estudiantil Católica y aprendimos a mirar la realidad con otros ojos; el año ’71 Marisa fue elegida presidenta del Centro de Alumnas, y participábamos en la Federación de Estudiantes Secundarios FESES. Era muy inteligente y líder. La recuerdo bajita, pelo largo y oscuro, ojos almendrados y gran sonrisa.

    Nos gustaba cocinar y disfrutábamos comiendo cosas ricas. No íbamos mucho a fiestas, éramos adolescentes comprometidas, nos sentíamos con la responsabilidad de construir una sociedad más justa.

    En la brigada estudiantil conoció a Renato, dirigente del INBA, y se enamoraron. Marisa entró a Economía en la Chile y ambos militaban en el MIR; se casaron el ’74 y el 12 de diciembre de ese año, Renato no llegó a casa y ella entendió que debía esconderse. La última vez que la vi fue en las Torres de Carlos Antúnez, y me dio consejos para cuidarme. Marisa tenía 19 años cuando la detuvieron.

    Ella era María Isabel Joui Petersen, detenida y desaparecida el 20 de diciembre de 1974. Yo soy su amiga, María Eugenia Letelier y la recuerdo. Recuérdala tú, recuérdasela a otr@s.

    Ficha técnica

    Para realizar esta microbiografía, se entrevistó a María Eugenia Letelier, quien grabó esta cápsula radial en diciembre de 2014 en los estudios de Radio Juan Gómez Millas, donde posteriormente fue mezclada, para luego ser emitida en Radio Universidad de Chile.

    4 Comments, RSS

    • Jaime Bravo Campos

      dijo en:
      julio 1, 2015 a las 21:44

      No te conoci, pero te extraño. Como extraño a mi primo y a tantos. Como quisiera recordar las caras y tener la textura de sus manos. Pero mas verte vieja y vivida. Con la piel arrugada de tantas batallas. Con la mirada arriba y con tus sueños. Al escribir siento que te acercas. A este sueño que se aleja tanto de nuestra realidad.

    • Carlos Ruiz

      dijo en:
      septiembre 23, 2015 a las 00:37

      Fui compañero de su hermano en el Instituto Nacional, 1968-1970. Él, como otros jóvenes de su generación, quiso ser marino. Ella solo quería hacer el bien, por medio de un gran cambio social. Los que estudiamos economía creíamos posible reordenar el sistema productivo, tan injustamente establecido para el bien de unos pocos. ¿Se imaginarían María Isabel y sus compañer*s, sus familias, tanto oprobio, traición y bestialidad? ¿Tenían que matarla los miserables? Los condecoró Nixon, o Kissinger, o Agustín Edwards, o Jarpa, o el tata Frei? María Isabel, no te olvidaremos y seguirás entre nosotr*s.

      • maria eugenia letelier

        dijo en:
        septiembre 25, 2015 a las 15:29

        Carlos, gracias por tu comentario. Ayudas a recordarla, Marisa siempre estará presente. No es posible comprender el odio que llevó a la muerte de una joven detenida, confinada en una celda con los ojos vendados, sometida a torturas, sin defensa, sin derecho a la palabra. Los cobardes ni siquiera son capaces de explicar qué hicieron.
        Esos cobardes se empiezan a morir en el hospital militar, sin hablar, protegiendo el silencio. El consuelo es que la verdad histórica se impondrá y Marisa y tantos otros amigos crecerán, permanecerán por su nobleza. ¡hasta siempre! es más que una consigna.

    • Horacio campos

      dijo en:
      diciembre 3, 2017 a las 09:46

      Cuando los recordamos a todos ellos y ellas, es justamente cuando se nos hace tan difícil, tener que decidir hoy día, brindarles el apoyo a quienes se coludieron con los criminales y asesinos, a quienes ingresaron a la fiesta del reparto del país, olvidando al pueblo y sólo otorgándole migajas, pero cuidando y protegiendo a los ricos, quienes hoy son sus grandes amigos y socios.
      Nunca me preocupo ni me quito el sueño la Derecha, siempre supe quienes y cómo eran, siempre fueron mis enemigos; pero los de la izquierda, esos que se vendieron por cobardía y por inconsecuencia, esos me duelen mucho más y me cuesta mucho reconciliarme con ellos.
      Gloria,eterna a nuestros combatientes y mártires caídos en la lucha contra la dictadura.

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