Microbiografía de Raúl Antonio Muñoz Muñoz

    Raúl, mi padre, nació en Linares el 12 de octubre de 1922. En el campo le gustaba conejear, andar a caballo y trabajar la tierra. Siendo niño, tuvo un accidente en una trampa de conejos, que lo dejó con una cojera para siempre.

    Junto a su madre, que trabajaba con su telar y su hermana, por los maltratos de su padre, Modesto Morales, se trasladaron a Buin. Se cambiaron el apellido y nunca más hablaron de Linares; él tenía 15 años.

    Con los años conoció a Teresa, con quien se casó y tuvieron 6 hijos. Vivíamos en Conchalí, cerca del Teatro Recoleta, donde a él le gustaba ver películas mexicanas.

    Era reservado, así lo criaron y poco conversaba de su vida. Le gustaba jugar rayuela, dominó y brisca, como los hombres de esos años; también disfrutaba escuchando tango, que en casa bailaba con nuestra madre.

    Le gustaba ir de vacaciones a la playa de Ventanas y hacer vida de barrio, recuerdo verlo preparando una ponchera a fin de año, para recibir a los vecinos. También recuerdo con cariño un regalo que me hizo: un monito a cuerda que tocaba el piano.

    Trabajó toda su vida en la ferretería “Montero”, era querido por sus compañeros y patrones, le decían “Muñocito”. Participaba del sindicato, incluso un tiempo llegó a ser el presidente. En casa no hablaba de política, pero sé que era allendista y del partido comunista.

    Fue un hombre trabajador, amable y generoso. Después del Golpe, unos vecinos lo denunciaron por ser comunista, pronto llegaron los militares, cuando se lo llevaron pensamos que volvería.

    Él era Raúl Antonio Muñoz Muñoz, detenido y desaparecido el 29 de septiembre de 1973. Yo soy su hijo, Rodolfo Muñoz, y lo recuerdo. Recuérdalo tú, recuérdaselo a otr@s.

    Ficha técnica

    Para realizar esta microbiografía, se entrevistó a Rodolfo Muñoz, quien grabó esta cápsula radial en octubre de 2014 en los estudios de Radio Universidad de Chile, donde posteriormente fue mezclada y emitida.

     

    One Coment, RSS

    • Leandra Brunet

      dijo en:
      octubre 11, 2015 a las 16:59

      Querido. Los recuerdos que nos quedaron de nuestros familiares son el cofre más divino de nuestras vidas y gracias a esos recuerdos y enseñanzas es que hoy podemos decirnos hijos dignos y con fundamentos, aunque sea en una sociedad injusta y mediocre. La verdad y justicia a de llegar porque los crímenes de lesa humanidad No prescriben. Te abrazo hermano. Somos semillas. Fraternalmente Leandra Brunet

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